#LodeHoy • La fidelización ya no entenderá de palabras

directiva, opinión

Seguimos de resaca juntera inmersos en el despiece minucioso de lo acontecido el pasado viernes. El coqueteo del equipo con números de descenso -anecdótico por ahora- es la sinergia que favorece reacciones soliviantadas del valencianismo sobre los muchos asuntos merecedores de filípica y análisis profundo. Porque en definitiva es lo que ha conducido a este panorama tan gris y poco esperanzador. Obviar la más que discutible gestión global de la máxima accionista y no tener/plantear dudas razonables es un ejercicio de irresponsabilidad por parte de ese aficionado yerto, servil y que orbita en su planeta quimérico. Su autovalencianismo declarado, regado de golpes de pecho e instinto acusatorio hacia la masa crítica, paradójicamente es el menor de los favores que pueden hacer para revertir este estado de mediocridad y decrecimiento continuo. Susceptible de llegar a comatoso si atendemos a las líneas maestras de la hoja de ruta desvelada por la presidenta y deportivamente no se retoma el vuelo con presteza. Una hoja que traza un plan rudimentario, el de toda la vida. Algo que, por más vueltas que uno le quiera dar y paños calientes le quiera poner, no corresponde con la llegada de un Forbes y su equipo de novicios con currículos mastodónticos ajenos. De momento, entregar la casa a un foráneo ha servido, desde un prisma positivo, para ser rescatados, estabilizar las constantes vitales -sin visos de abandonar la UCI- y sanar heridas heredadas -pero transferidas legalmente- de nefastas etapas anteriores. No siendo poco su esfuerzo y reconocida su inversión, tampoco ha sido suficiente para siquiera abrir camino hacia una autonomía sin ingresos contingentes como la Champions o sacudirse el yugo de la cartera caprichosa de Peter Lim. La lejana sostenibilidad. Aquella que debería ser objeto esencial del histórico traspaso accionarial.

Lay Hoon anunció que el Nou Mestalla no estará para la temporada del centenario. Y prendimos la falla. Dramas pocos, ya que no se había movido un ladrillo ni había sospechas fundadas de reiniciarse las obras -cada vez que ha salido el embarazoso tema activaban el piloto automático del “estamos rediseñando el desacertado proyecto inicial y bla bla”, midiendo milimétricamente sus discursos para no atarse públicamente como otrora hicieron otros-. Solo han oficializado algo que se olía desde Singapur. Ahora, toca entrar en lo que subyace, la aspérrima arista de las informalidades. A pesar de la sorpresa para aquellos cegatos que no quisieron creerse las condiciones firmadas de la compraventa filtradas por diferentes medios -según qué medios, claro, por aquello de las afinidades que turban perspectivas selectivas de la realidad-, Meriton ha transgredido una de las peanas sobre la que se sustenta la credibilidad; su palabra. Procurar: dícese del término, en el contexto que nos ocupa, que diferencia una obligación como tal de un mero compromiso intencional. En la buena intención acababa la garantía de cumplimiento de uno de los aspectos troncales en el proceso de selección y una de las bazas electorales que abanderó el portavoz que incurrió en incompatibilidad ética, y refrendado posteriormente por el cabecilla del único órgano garante -no cumpliendo a rajatabla su cometido hasta el minuto 90- de la entidad. Sus silencios retratan actitudes ímprobas. Lograr colocar en el clausulado ese propósito, sin penalización mediante, puede interpretarse como un ardid para cubrir expediente en una cuestión de calado en la venta y granjearse el apoyo popular. Normal, lógico y comprensible que ahora el aficionado de a pie se sienta engañado -que no estafado- y surja o refuerce su recelo respecto a los gestores del club de sus amores. Si te ponen los cuernos una vez, te los pueden volver a poner en otra ocasión. Decidirse por perdonar una infidelidad o cortar por lo sano para evitar futuros chascos solo es una cuestión personal de confianza.

Que el nuevo estadio no esté para 2019 no me quita el sueño, por no ser una meta apremiante en una coyuntura aquejada de otras urgencias cortoplacistas. Lo que sí me preocupa es que personas de cultura circunspecta comiencen a adquirir (malas) costumbres autóctonas -han mimetizado rápido los asiáticos- y actúen como otros infaustos mandamases de cuyos nombres no quiero acordarme (con sus evidentes diferencias, no nos vengamos arriba con la semejanza para equipararlos). Faltar a la palabra, sea promesa verbal o compromiso moral escrito, en uno de los bastiones del proyecto -concepto venido a menos desde un tiempo a esta parte- de un nuevo propietario recibido en olor de multitud es fallar a mucha gente sensibilizada con el hito interminable. Como una traición inopinada que, sin ser alarmista por estar convencido de que lo acabarán si continúan aquí, pone en tela de juicio su capacidad real para consumar futuros objetivos marcados en rojo. El poso empírico de la andadura meritoniana -no tan corta como se dice- aturde por sí solo y hace inescrutable su advenimiento: ¿Qué piensan hacer con este VCF? Peter, la fidelización es el intangible más valioso por conquistar, pero no se compra con la buena palabrita. Ya no.

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#LodeHoy • Habemus míste®

entrenador, opinión

A la cuarta va la vencida. Es la traducción en el idioma meritoniano, al menos desde su aterrizaje en el intrincado planeta fútbol. Por fin se lanzaron a por un “entrenador”. Curtido, con personalidad y bagaje suficiente para aspirar a una banqueta como la che. Entrenador a todos los efectos y no otro melón por abrir -hola normalidad, hasta nunca inconsciencia-. No es lo mismo poseer el título que haber ejercido, como el licenciado en Derecho y el abogado de profesión. Huelga el estéril debate de si es ‘top’ o no, porque esa etiqueta, subjetiva a más no poder, no deja de ser eso, un accesorio que no fomará parte de su faena diaria. El dato irrefutable es que es el míster con mayor recorrido desde Ranieri. Que tampoco garantiza nada, pero ahí está.

Llega un señor -destila elegancia y saber estar- bragado, no solo por haber estado al frente de equipos importantes, sino por tener en su mochila curricular vivencias en nivel y competición élite, manejar futbolistas díscolos sacándoles petróleo, acostumbrado a la presión añadida de aficiones exigentes y habiendo sufrido fiascos personales. Todo eso esculpe la pericia, nutre su trayectoria y perfecciona su continuo aprendizaje. Su propuesta futbolística -con dibujo maleable- se aparta del estereotipo italiano de antaño. Fomenta su propio libreto, a priori de marcada vertiente ofensiva, pero siempre sobre la innegociable peana de la organización grupal y rigor táctico. Licencias a partir del orden. Suena bien, aunque solo sean conceptos teóricos, porque se estima que no invertirá los factores de la congruencia competitiva. Que es lo que pide a gritos esta plantilla. Y además suele implementar un código interno bastante inflexible que penaliza conductas extradeportivas negativas y acciones violentas o bruscas en el verde. Persona de convicciones.

Meriton aprende la lección. Tarde, muy tarde. Pero ha visto la luz tras asumir errores gravosos e injustificables. La ve sin abandonar la práctica habitual de Lim de confiar el proyecto en alguien “de la casa”, por ser próximo a su círculo y haber vínculo anterior. No es una crítica, sino una realidad. Ni buena, ni mala. Pudiendo entender discusiones sobre la nueva elección en base a gustos particulares -indefectible reacción-, la decisión cumple a rajatabla varios de los requisitos cardinales tantas veces exigidos, por lo que si somos consecuentes con nosotros mismos, aquella merece ser correspondida en Mestalla. Ya saben a qué me refiero. Benvenuto, Cesare.

#LodeHoy • ¿Ahora sí, Pitarch?

directiva, opinión

Y Suso se soltó la melena. Se puso el traje de lenguaraz para desmenuzar todo lo concerniente al candente trending topic. Afilado recado articulado de modo sucinto y contundente para arrancar el aplauso fácil de una afición ávida de respuestas, carente de respaldo informativo oficial. No por tirar de efecto populista deja de ser necesario y sosegador. Conste en acta.

Pasa que como en los reality shows esos que nunca vemos, pero de los que estamos al día del último pollo, todo se magnifica. Estar famélico perdido, esto es, estar desentrenados ante tales arranques de dignidad, nos lleva a glorificar cosas cotidianas -defender los intereses de la empresa que representas y te paga-. Como estar 3 días en ayuno y servirte una paella de esas tan profanadas más allá de Requena -muy fan de esa religión paellil vuestra-. La política (in)comunicativa que actualmente profesa la entidad no se corresponde, ni cumple, con los últimos discursos -hi, Lay Hoon- de la presidenta, presta a aprender de los errores reconocidos. Pasa que el ahora resoluto director deportivo hizo la cobra con anterioridad, escondiéndose ante situaciones que requerían su presencia y pasando palabra ante preguntas incómodas, pero igualmente procedentes. Porque ahora sí se hacía encima por tocar otros temas en mitad de la presentación de un jugador, no como en la de Nani, verdad? Ay la memoria. Este es el patrón de la actual dirigencia; abrir y cerrar grifo a conveniencia, de manera selectiva. Manejando los hilos, cual titiritero. Uno es libre de elegir el momento de hacerlo. Por supuesto. Y nosotros de recordarle cuando dejó/deje de hacerlo, por apatía, cobardía o distanciamiento. Eso es equilibrar la balanza del elogio inercial.

Por último, pido que no caigan en tópicos simplistas tipo “si habla, porque habla. Si no habla, porque no habla. Nada os parece bien. Siempre rajando”, abrochado con el lema cuñadista ‘This is Valenciastán’. Niquelao. Creo que ha quedado suficientemente argumentado el porqué del no convencimiento del zigzagueante proceder y por haberle visto el cartón al nuevo héroe de las masas antes de su golpe de pecho. Hacerlo con el cadáver Parejo, viento a favor, encargo a los medios oficialistas y foto sentenciadora de marras mediante -muy espontáneo todo, oiga-, era lo fácil, Jesús. No haberlo hecho cuando el horno quemaba me impide otorgarte el cetro de la fidelidad. Siempre antepongo las personas que siguen una línea, francas, que bajan al barro en las malas, aunque yerren. Para chapotear en la piscina vale cualquiera.