#LodeHoy • Ordinaria junta

directiva, opinión

Qué ordinariez lo del viernes. No me quiero imaginar las extraordinarias. Átense los machos. Los que genérica e infaustamente hierran a la militancia como quien se toma excedencia diplomática de forma discrecional y pretenden someternos a un training day a base de (no)editoriales fasciculados con cierto deje layhoonista, se subieron a la parra fuera de lugar, momento y forma, sacando a pasear la ralea de Meriton. De seguir con esa tendencia, en clandestinidad en el sótano de la vergüenza estos dos últimos años, no acabarán por incardinarse en el valencianismo ni para la inauguración del Nou Mestalla. Por muchos millones que pongan. Y hablando de “poner”, quizá sería recomendable ser algo precisos y discernir inversión -adquisición acciones y posterior ampliación que en un futuro podrá redituar o no- y dinero prestado, a bajo interés eso sí, que terminará recuperando antes o después, de mecenazgo -pasta a fondo perdido-, lo cual no ha habido. Por poner los puntos sobre las íes a frases que alguien espeta con el pecho hinchado en foros trascendentes de índole circunspecta.

Desde que la administración singapurense se compró el derecho a ser un rodillo decisorio -rascándose el bolsillo, conste-, algo que siempre ocurre cuando alguien amasa la mayoría accionarial, las juntas de accionistas han pasado a ser una convocatoria en la que te sientas a observar las caras de los distantes consejeros, escuchar un discurso introductorio, tener la oportunidad de dirigirte -de modo limitado- a los gobernantes y, por último, ver aprobados todos y cada uno de los propósitos recogidos en los puntos del día. Una cita cada vez menos interesante y más prescindible en la agenda valencianista. El ruido que provocó la corroboración del infame comunicado en palabras del presidente ha hecho que pase de soslayo para mí lo más importante de la junta: no se dieron respuestas concretas a las múltiples e interesantes preguntas que plantearon los pocos asistentes. Solo pequeños trazos difusos pintados sobre un lienzo abstracto y directamente pasapalabra sobre otros interrogantes embarazosos. Y no pasa nada, suena el pitido final y se marchan de allí sin rendir cuentas de verdad ante los accionistas y sin desarrollar la hoja de ruta estratégica. Pues muy bien. Buena simiente para el éxito del Área Afición. Una última cosa para el Sr. Murthy, alguien que ha pasado de indiferente a malquisto: hay algo más importante que el transitorio cargo que ostentas como gracia; la gratitud de las personas que son el corazón y sustento de la empresa que tienes el privilegio de representar. Algo que no está en venta ni lograrás granjearte a golpe de notas arbitrarias.

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#LodeHoy • Desnaturalización contractual

cantera, opinión

Joya que emerge, problema y debate al canto. No falla. Es la liturgia de Paterna en los últimos tiempos. Me gusta que criemos a chavales que despuntan y representan al Valencia en torneos internacionales. Enorgullece fabricar jugadores que llaman la atención de los transatlánticos de España y Europa. Tranquiliza comprobar que en la Academia se están haciendo las cosas bien al disponer de gente capacitada para detectar el talento nato, modelar el producto bruto y catapultar a los elegidos. Un árbol que da fruto es el mejor síntoma de la buena salud que goza nuestro prolífico vivero.

Lo que no me termina de convencer es la resolución contractual adoptada por el club. Como es el caso del prometedor Ferran Torres. El extremo de Foios, así como su entorno y agentes, saben perfectamente que la notificación de otorgarle dorsal de primera plantilla -algo inédito en un juvenil que amasa apenas 8 partidos con el filial y sin debutar siquiera en el primer equipo- a partir de 2018 responde únicamente a imperativo contractual. Por ninguna otra razón más. Ha sido la manera improvisada de atarlo en corto e intentar espantar moscas al percatarse de que llegaban tarde. Una vez más. Si la apuesta hubiese sido netamente deportiva, lo que viene siendo tener claro que el jugador ya había quemado todas las fases necesarias para dar el salto definitivo, habría sido seleccionado este verano e integrado como un Nacho o Lato más (y con dorsal de filial). Pero no. Hasta hace pocas semanas solo los que siguen el día a día de las categorías inferiores ches eran conocedores del potencial que atesora el internacional sub-17. Sin embargo, Ferran ahora copa nuestra actualidad a golpe de trending topic y el ansia viva de muchos está generando unas expectativas casi a la altura de casos excepcionales como la irrupción de Guedes. Observen sus credenciales -17 años y 0 minutos en la élite- antes de cometer irresponsabilidades poco o nada coadyuvantes a su futuro.

Decía que no me convencía la manera de actuar con el canterano porque la ejecución unilateral vía burofax -habrá cosa más aséptica que eso- de sus condiciones contractuales tiene varias connotaciones susceptibles de perturbar el normal desarrollo de un jugador en plena fase adulta de crecimiento. Por hacer. Por limar. Por cuajar. Fundamentalmente la de cercenar su radio de acción a partir de enero, cuando le tramiten la ficha federativa y escoja dorsal, privándole de los minutos y protagonismo necesarios a estas edades al quedar inhabilitado para jugar con el filial. Se le arrebatará la posibilidad de seguir sumando cuando no entre en convocatoria. Una decisión taxativamente incomprensible, se mire por donde se mire. Va contra natura. Y va porque se le podía haber promocionado deportivamente de igual modo sin llegar ya no a saltarse, sino despojarle de las etapas naturales de su evolución, las cuales podrían revolverse en forma de contingencia que habría que parchear sobre la marcha. Pero habiendo menoscabado su camino por prematuridad contractual, lo que refleja impericia en los despachos. Ya sea por (des)control de los tiempos, ya sea por no saber resolver una promesa heredada. La apuesta sin precedentes -ni siquiera fenómenos como Silva o Carlos Soler subieron de esta forma y a esa edad- no se ha orquestado con la ortodoxia y circunspección que, bajo mi punto de vista, requería este ascenso. Y por lo que se desprende en los medios, parece ser el proceder a seguir por la dirigencia en próximos casos, contraviniendo el buen criterio del actual máximo responsable de la cantera. El cual solo vela por maximizar el desarrollo de sus pupilos ajeno a la casilla contractual. Esa que desvirtúa situaciones y puede poner en riesgo activos de la entidad.

#LodeHoy • La fidelización ya no entenderá de palabras

directiva, opinión

Seguimos de resaca juntera inmersos en el despiece minucioso de lo acontecido el pasado viernes. El coqueteo del equipo con números de descenso -anecdótico por ahora- es la sinergia que favorece reacciones soliviantadas del valencianismo sobre los muchos asuntos merecedores de filípica y análisis profundo. Porque en definitiva es lo que ha conducido a este panorama tan gris y poco esperanzador. Obviar la más que discutible gestión global de la máxima accionista y no tener/plantear dudas razonables es un ejercicio de irresponsabilidad por parte de ese aficionado yerto, servil y que orbita en su planeta quimérico. Su autovalencianismo declarado, regado de golpes de pecho e instinto acusatorio hacia la masa crítica, paradójicamente es el menor de los favores que pueden hacer para revertir este estado de mediocridad y decrecimiento continuo. Susceptible de llegar a comatoso si atendemos a las líneas maestras de la hoja de ruta desvelada por la presidenta y deportivamente no se retoma el vuelo con presteza. Una hoja que traza un plan rudimentario, el de toda la vida. Algo que, por más vueltas que uno le quiera dar y paños calientes le quiera poner, no corresponde con la llegada de un Forbes y su equipo de novicios con currículos mastodónticos ajenos. De momento, entregar la casa a un foráneo ha servido, desde un prisma positivo, para ser rescatados, estabilizar las constantes vitales -sin visos de abandonar la UCI- y sanar heridas heredadas -pero transferidas legalmente- de nefastas etapas anteriores. No siendo poco su esfuerzo y reconocida su inversión, tampoco ha sido suficiente para siquiera abrir camino hacia una autonomía sin ingresos contingentes como la Champions o sacudirse el yugo de la cartera caprichosa de Peter Lim. La lejana sostenibilidad. Aquella que debería ser objeto esencial del histórico traspaso accionarial.

Lay Hoon anunció que el Nou Mestalla no estará para la temporada del centenario. Y prendimos la falla. Dramas pocos, ya que no se había movido un ladrillo ni había sospechas fundadas de reiniciarse las obras -cada vez que ha salido el embarazoso tema activaban el piloto automático del “estamos rediseñando el desacertado proyecto inicial y bla bla”, midiendo milimétricamente sus discursos para no atarse públicamente como otrora hicieron otros-. Solo han oficializado algo que se olía desde Singapur. Ahora, toca entrar en lo que subyace, la aspérrima arista de las informalidades. A pesar de la sorpresa para aquellos cegatos que no quisieron creerse las condiciones firmadas de la compraventa filtradas por diferentes medios -según qué medios, claro, por aquello de las afinidades que turban perspectivas selectivas de la realidad-, Meriton ha transgredido una de las peanas sobre la que se sustenta la credibilidad; su palabra. Procurar: dícese del término, en el contexto que nos ocupa, que diferencia una obligación como tal de un mero compromiso intencional. En la buena intención acababa la garantía de cumplimiento de uno de los aspectos troncales en el proceso de selección y una de las bazas electorales que abanderó el portavoz que incurrió en incompatibilidad ética, y refrendado posteriormente por el cabecilla del único órgano garante -no cumpliendo a rajatabla su cometido hasta el minuto 90- de la entidad. Sus silencios retratan actitudes ímprobas. Lograr colocar en el clausulado ese propósito, sin penalización mediante, puede interpretarse como un ardid para cubrir expediente en una cuestión de calado en la venta y granjearse el apoyo popular. Normal, lógico y comprensible que ahora el aficionado de a pie se sienta engañado -que no estafado- y surja o refuerce su recelo respecto a los gestores del club de sus amores. Si te ponen los cuernos una vez, te los pueden volver a poner en otra ocasión. Decidirse por perdonar una infidelidad o cortar por lo sano para evitar futuros chascos solo es una cuestión personal de confianza.

Que el nuevo estadio no esté para 2019 no me quita el sueño, por no ser una meta apremiante en una coyuntura aquejada de otras urgencias cortoplacistas. Lo que sí me preocupa es que personas de cultura circunspecta comiencen a adquirir (malas) costumbres autóctonas -han mimetizado rápido los asiáticos- y actúen como otros infaustos mandamases de cuyos nombres no quiero acordarme (con sus evidentes diferencias, no nos vengamos arriba con la semejanza para equipararlos). Faltar a la palabra, sea promesa verbal o compromiso moral escrito, en uno de los bastiones del proyecto -concepto venido a menos desde un tiempo a esta parte- de un nuevo propietario recibido en olor de multitud es fallar a mucha gente sensibilizada con el hito interminable. Como una traición inopinada que, sin ser alarmista por estar convencido de que lo acabarán si continúan aquí, pone en tela de juicio su capacidad real para consumar futuros objetivos marcados en rojo. El poso empírico de la andadura meritoniana -no tan corta como se dice- aturde por sí solo y hace inescrutable su advenimiento: ¿Qué piensan hacer con este VCF? Peter, la fidelización es el intangible más valioso por conquistar, pero no se compra con la buena palabrita. Ya no.